Vivien He, estudiante de secundaria de California, desarrolló durante la pandemia de COVID-19 un sismógrafo que diseñó, soldó y programó en su casa.

El dispositivo, de tamaño de un cubo y con carcasa transparente de akrílico, costó menos de 100 dólares. Un día después de su instalación, registró las ondas de un terremoto ocurrido en Los Angeles, cuyas características coincidieron con las de la estación del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

El dispositivo detecta movimientos del suelo mediante un geofono y los convierte en señales digitales; emite una alarma cuando supera un umbral determinado, envía notificaciones por SMS y puede ser controlado desde una aplicación móvil.