La erupción del volcán Krakatau en 1883 sentó las bases de la ciencia moderna de la volcanología. La explosión causó la muerte de más de 36.000 personas y tuvo efectos globales.

Gracias a las telecomunicaciones de la era victoriana, la gente pudo documentar a nivel global los efectos inmediatos y a largo plazo de esta catástrofe.

La erupción del volcán Krakatau provocó la formación de partículas de azufre en la atmósfera, lo que llevó a una disminución de la temperatura media del verano de 0,6 °C (1,1 °F).