Los investigadores observaron que, a medida que la gravedad disminuye, la estabilidad de los movimientos se reduce y los participantes tienden a adoptar patrones de movimiento más simples y naturales. Este cambio fue particularmente evidente en tareas que requerían que cada mano realizara acciones diferentes de forma independiente.
Se demostró el papel de la gravedad en la gestión de la coordinación motora por parte del cerebro, funcionando como un parámetro de control contextual. De este modo, los cambios en diferentes niveles de gravedad aparecen de forma sistemática y predecible.
Los hallazgos se obtuvieron durante vuelos parabólicos y mediante una centrífuga de corto radio que simula la gravedad de la Luna y Marte. Los investigadores señalaron que esta información podría ser útil para desarrollar métodos de rehabilitación para personas con trastornos del movimiento, pero enfatizaron que se necesita más investigación.
