En el estudio dirigido por el equipo de Ciarán Forde, de la Universidad Nacional de Singapur, 41 adultos sanos siguieron durante dos semanas dos dietas ultraprocesadas distintas. Ambas dietas eran equivalentes en calorías, densidad energética, número de porciones y palatabilidad; la única diferencia era la textura de los alimentos: un grupo consumió productos con textura 'evanescente' (que se deshacen al instante en la boca) y el otro, alimentos que requerían más masticación.