Un equipo internacional de investigadores evaluó, mediante una prueba en la que los participantes desconocían lo que comían, a adultos que pensaban tener sensibilidad al gluten pero no padecían enfermedad celíaca ni alergia al trigo. A los participantes se les dio un alimento sin gluten diciéndoles que lo contenía, o un alimento con gluten diciéndoles que no lo tenía; ambos grupos fueron observados en condiciones de doble ciego.