Científicos de la Universidad Carnegie Mellon realizaron una serie de experimentos con macacos rhesus y babuinos, así como con niños estadounidenses de 3 a 6 años y adultos Tsimane no educados. En una tarea en pantalla, los participantes debían emparejar versiones giradas y escaladas de figuras geométricas. Los monos y los niños lograron seleccionar correctamente las figuras que eran geométricamente idénticas, incluso cuando su orientación o tamaño cambiaba. Esta habilidad fue comparable a la de los adultos no educados.

Los resultados revelaron que los niños humanos y los monos enfrentaron dificultades similares en las tareas de emparejamiento geométrico. En cambio, los adultos humanos lograron un éxito más fácil porque utilizaban características simbólicas como la simetría, la longitud de los bordes o los ángulos. Esto indica que la percepción geométrica abstracta es innata, pero que la educación desarrolla el pensamiento simbólico.

Los investigadores enfatizaron que estos hallazgos demuestran que el pensamiento matemático no es una capacidad exclusivamente humana, sino que tiene una base evolutiva compartida. La educación puede mejorar y ampliar esta capacidad básica, pero no la crea.