En las etapas tardías de la adolescencia, las redes perineuronales que rodean a las neuronas en la corteza retrosplenial, la región del cerebro que almacena recuerdos a largo plazo, se debilitan temporalmente. Estas estructuras fijan las conexiones sinápticas que garantizan la permanencia de los recuerdos. La interrupción temporal de estas redes dificulta la recuperación de los recuerdos formados en edades tempranas, pero no los elimina por completo.

En experimentos, los ratones adolescentes perdieron la capacidad de recordar los recuerdos de miedo generados por un experimento de choque. Sin embargo, estos recuerdos volvieron a aparecer cuando se les expuso a un entorno diferente que los activaba. Esto demuestra que los recuerdos no se borran, sino que se almacenan. La reconstrucción de las redes o la reactivación de las proteínas relacionadas restaura la accesibilidad de los recuerdos.

En la edad adulta, estos recuerdos regresan, pero se vuelven más generales e imprecisos. Por ejemplo, en lugar de mostrar una respuesta de miedo solo en la habitación donde se aplicó el choque, los ratones comenzaron a mostrar miedo en entornos distintos. Esto sugiere que, aunque los detalles específicos de los recuerdos se pierden, las lecciones emocionales se mantienen.